lunes, 25 de febrero de 2013

Django Unchained


Título: Django Unchained
Dirección: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Género: Drama, Aventura, Western, Comedia
Duración: 165 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson, Kerry Washington


Divertimento que huele a lo mismo de siempre

Resulta triste la idea de que un director haga películas prescindibles, o un cine innecesario. Esa sensación tengo con Quentin Tarantino, un realizador que tuvo su época de gloria en los 90, y ahora pasa el tiempo referenciando a sus influencias y auto-homenajeándose constantemente, como pasa con Django Unchained (2012). La película tiene una primera hora divertida y muy lúcida, pero no encuentra el camino hacia un cierre digno, a pesar de que el reparto sostiene con carisma una nueva locura del director de Pulp Fiction

La música, los títulos y los efectos de sonido evocan (o intentan hacerlo) a los spaghetti western con los que Tarantino creció, y de hecho en sí toda la propuesta es un homenaje a las películas de Django, empezando por la de Sergio Corbucci en 1966. Sin embago, el resto es más de la impronta tarantinesca: inmensas conversaciones que no van a ninguna parte, hemoglobina en exceso (ya casi a un nivel patológico) y constantes citas o referencias al género en sus años de gloria, o peor, a su propia filmografía.
Si en su anterior obra, Inglorious Basterds (2009), a pesar de todos estos componentes tenía cierta originalidad en su propuesta, cierto aire a libertad artística que lo hacen un realizador respetable a nivel mundial, en Django Unchained todo eso no se ve, a pesar de que el creador de Kill Bill logra un relato sobrio en tres cuartos de film, una narrativa que se sostiene por sí misma, sin necesidad de clichés ni collages cinematográficos. 

Y en realidad ahí entra la pregunta de qué sería de esta película sin Christoph Waltz, quien se adueña de la pantalla porque Jamie Foxx no soporta el peso de su personaje ni de lo que le pide el ambicioso guión de Tarantino (el cual fue escrito pensando en Will Smith, pero este rechazó la propuesta) y porque sencillamente es un actor maravilloso, con esa elocuencia que en realidad no sabemos si viene del escritor o de su propia dialéctica tan prolija (lo que se confirma con tan solo ver una entrevista suya o alguna aparición pública donde abra la boca para decir "buenas tardes" haciendo valer cada letra). Lo mismo va para Leonardo DiCaprio, quien está asombroso en su papel, en una de sus caracterizaciones más anticipadas y esperadas de los últimos años. 

Los mejores momentos de la película son los que toman tintes cómicos, donde surge toda la espontaneidad. Así se destaca la participación de Jonah Hill, quien le da un toque particular (como en todo lo que hace) a sus pocas líneas en una escena lo suficientemente hilarante como para zafar de la parodia fallida a ¿los albores del KKK?

Quizás lo mejor de Tarantino es que como director sabe usar lo que tiene. De ahí su éxito en la taquilla y su aceptación con una crítica cinematográfica que ya cada vez lo adula más (con menos motivos) por tradición. El director optimiza sus ideas con repartos muy fuertes, y no deja escapar ni un sólo detalle. Rescatamos así como ejemplo un accidente que tuvo DiCaprio en cámara durante una escena clave (la mejor, tal vez, en toda la película), en la que terminó con su mano cortada, y que el realizador aprovechó como recurso estético y de caracterización, aunque, por supuesto, el mérito es más de DiCaprio, por aguantar ese traspié y usarlo para improvisar.

Aún así, Django Unchained no deja de ser un ejemplo más de la gratuidad creativa por la que atraviesa Tarantino, y se coloca entre sus trabajos más difíciles de definir. Quizás esté entre lo peor que haya hecho, aunque se pueden rescatar cosas positivas. Es un divertimento, que en su mayoría está bien narrado (eso sí, en el último acto, todo es una porquería, exceptuando la aparición del propio director haciendo un breve papel), pero el producto final es poco convincente. Una película irregular, que trata una temática muy rica con mucha pobreza, sobre explotando una temática vigente en sus últimos cuatro opus en pos de la orgía visual que busca siempre y del espectáculo de efectismos dramáticos (algunos usados de forma excesiva, rozando el melodrama). 
A Tarantino se le empezaron a ver los hilos. 


jueves, 21 de febrero de 2013

Amour


Título: Amour
Dirección: Michael Haneke
Guión: Michael Haneke
Género: Drama, Romance
Duración: 127 minutos
Orígen: Austria, Alemania, Francia
Año: 2012
Reparto: Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert


El deterioro y la piedad

Michael Haneke es conocido por filmar el sufrimiento y trasladarlo al espectador con una pulcritud que sólo él sabe lograr en esta generación. Su cine es confundido por muchos desvelados con una producción tortuosa, cuando en realidad está más ligado a la búsqueda de emociones en los que se pongan frente a sus propuestas. Así nace Amour (2012) quizás una de sus obras más desgarradoras por la meticulosidad con la que filma (con una visión magistral) el deterioro del ser humano físicamente y en su interior.

La vejez, no ajena en un Haneke que ya llega a los 70 años a pesar de su actividad constante, se sitúa en un primer plano en el que se ponen a prueba los elementos que forjan eso llamado amor. La frase "hasta que la muerte los separe" es inevitable de traer a colación en esta ocasión, puesto que el eje principal del tema de esta película es cómo se transita ese sendero, esa recta final por la que todos y todas pasaremos en algún momento.

Como siempre, con su cine el austríaco no propone resolver todo frente a la cámara, sino mas bien instalar incógnitas o planteamientos, tal vez epifánicas preguntas (aquí queda a criterio de cada uno si eso es pretensioso o no) que den lugar a un constante revisitar de la propuesta. Quizás la más normal de las preguntas sería ¿qué es el amor? o ¿cuál es el verdadero amor?, así como también proponer una mirada crítica a los conceptos de piedad, dignidad y respeto como factores clave de ese amor que en Europa se da de una forma muy particular respecto al resto del mundo. 

La frialdad con la que Haneke hace sus películas aquí se ve impresa de forma paulatina, en un trabajo físico monumental por parte de Emmanuelle Riva, quien encarna a la protagonista en estado de agonía tras una parálisis del lado derecho del cuerpo. Del mismo modo, la transformación se ve reflejada (aunque internamente) por Jean-Louis Trintignant, marcando el polo opuesto del deterioro humano. Mientras Riva deja ver su destrucción exteriormente, el personaje de Trintignant va involucionando internamente a pesar de ser un férreo compañero para su moribunda esposa.

Se destacan dos escenas muy reveladoras para el mensaje del director de Funny Games y Caché en este nuevo opus. La primera, la anécdota (una de las tantas bellísimamente contadas por Trintignant en la película) del sentimiento que despertó en su personaje de Georges una película que vio en la infancia, de la cual no recuerda ni el nombre, pero sí lo que le inspiraba. Este es un claro ejemplo de lo que busca Haneke con su cine, su meta máxima como realizador cinematográfico (y operístico; también tiene esa fasceta), así como también sirve para ilustrar ese extrañamiento que empieza a surgir en la pareja en el estado actual (llámese vejez, enfermedad, o como se quiera). La segunda, la paloma como elemento externo a todo el relato minimalista e intimista de todo el film. Ese simple animal, intruso, propone las situaciones más pintorescas durante todo el film y hasta da lugar a situaciones tan tiernas como frías: un perfecto resúmen de lo que es en sí Amour en su totalidad.

Con un dúo descomunal complementándose a la perfección en pantalla (sólo apena un poco la sensación de estar demás que inspira la floja participación de Isabelle Huppert), una dirección brillante -nuevamente- por parte del director, y una histora crudísima que invita a preguntas muy profundas, esta aclamadísima obra de Haneke es una cita obligada de la temporada.


Ted


Título: Ted
Dirección: Seth MacFarlane
Guión: Seth MacFarlane, Alec Sulkin y Wellesley Wild
Género: Comedia, Fantasía
Duración: 106 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Mark Wahlberg, Mika Kunis, Seth MacFarlane (voz)


Había una vez un osito único...

Por fin una película que logra combinar irreverencia y buena narrativa. Por fin alguien que se libera creativamete sin restricciones artísticas (la verosimilitud acá no tiene jurisdicción) pero respeta el conjunto de elementos que hacen al relato cinematográfico. Y, por qué no, por fin Seth MacFarlane dio el salto de calidad y debutó como cineasta. 

Ted (2012) es un antes y un después en la comedia hollywoodense. MacFarlane (artífice de las ácidas series animadas Family Guy, The Cleveland Show y American Dad) es ese realizador todo terreno que se pone delante, detrás y al costado de la cámara para pasarla bien, y el resultado es esta divertida película que está atestada de gags filosísimos como sólo este director sabe hacer. Por eso no es exagerado pensar que esta película sea un hito en el género dentro de ese país. 

En la película nos encontramos con un osito de peluche que cobra vida de forma mágica por el pedido navideño de un niño con problemas para tener amigos. Hasta aquí una catarata incontenible de clichés. ¿Por qué, entonces, es tan buena Ted? Porque MacFarlane continúa en esa línea durante toda la película y se ríe en nuestra cara por seguirle el juego en semejante estupidez. El que se toma en serio este film, sencillamente no entendió nada. El único momento en que puede costar un poco separar el dramatismo (si se quiere) del relato con la constante parodia hacia su propia historia es en el clímax, quizás el momento más flojito de los 106 minutos que dura, pero aún en ese momento pareciera que MacFarlane está por decir eso. Y ese constante suspenso por esperar un nuevo gag hace que la película sea un disfrute completo (la última palabra del guión es un gag, y uno de los mejores, imagínense).
Mientras nos hace reir y nos introduce de lleno en el desarrollo de la película, MacFarlane despliega un abanico de referencias cinéfilas, que van desde las constantes citas a Star Wars (1977) hasta el cine de Spielberg, y que tienen su súmum en la inspiración para los personajes que implica Flash Gordon (1980).

La trama no da respiro en un constante descontrol frente a cámara y todo tipo de situaciones (que saben medirse en el momento justo, para dar descanso a la narración), pero eso sí: hay que saber reirse con este tipo de películas. Están advertidos, acá no hay momento para pensar en xenofobia, antisemitismo o racismo. En el universo de MacFarlane vale todo.
Y así como vale todo, también vale aplaudir grandes aciertos, como la secuencia de créditos, que a su vez es una secuencia de montaje en el que vemos el crecimiento de Ted y John Bennet (Mark Wahlberg, versátil pero irreconocible en este tipo de papeles, todo un hallazgo) mientras Norah Jones canta la bellísima canción "Everybody needs a best friend" (el jazz juega un papel importante dentro de toda la excelente banda sonora del film). 

Ted es una gran película. Los más metódicos van a apreciar la precisión con la cámara de MacFarlane, sin dudas un gran debut como director. Los más pochocleros la van a encontrar como una locura de película. Y los otros... probablemente no estén hechos para este tipo de humor, lo cual es entendible también. 


Hitchcock


Título: Hitchcock
Dirección: Sasha Gervasi
Guión:John J. McLaughlin, Stephen Rebello (libro)
Género: Biografía, Drama
Duración: 98 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Anthony Hopkins, Helen Mirren, Scarlett Johansson, Jessica Biel, Michael Stuhlbarg, etc


El maestro del suspense

La propuesta del debutante en ficciones Sasha Gervasi era tan peligrosa como uno puede llegar a imaginarse. Un maquillaje que distrae, un guión que para muchos resultará medio adornado por ribetes del clasisismo hollywoodense, y en sí una película innecesaria. Sin embargo, nada más alejado de la realidad: Hitchcock (2012) es un logro en este tipo de filmes tipo biográficos y una aprobada primera ficción para Gervasi, que ya dirigió el aclamado documental Anvil: The Story of Anvil (2008).

El director utiliza, sí, recursos de manipulación dramática para mantener a flote un guión que está planteado como uno no se lo esperaría (la realización accidentada de la obra maestra de Alfred Hitchcock, Psicosis, convertida en un ir y venir en el matrimonio del susodicho), pero obtiene como resultado un bellísimo retrato de la personalidad del característico director de cine de suspenso. Gervasi no se pierde ningún detalle, y logra que su película, mientras cuenta las peripecias del rodaje de Psicosis tanto en sus reveses económicos como los impedimentos de las instituciones reguladoras de contenido de la época, exteriorice los traumas de Hitchcock, sus problemas con la comida, su fijación con las rubias y su obsesión con innovar dentro de la industria a cualquier precio.

Así, además de lo pintorezco que resulta el dúo conformado por Anthony Hopkins y Helen Mirren escondido dentro del bellísimo trabajo de maquillaje y peluquería, nos encontramos con una historia muy bien narrada, llevadera y atractiva, que no se destaca demasiado por logros particulares, pero que sirve para acercarse -siempre desde la cinefilia- un poco más a la forma de ser del director. Porque eso tiene el cine, la oportunidad de retratar o plasmar en sí mismo lo que se puede lograr a partir de y con otros medios. Entonces es de disfrute la apertura y el cierre con cuarta pared, el acento y tono de voz de Hitch impresionantemente sacado por Hopkins, o las notas de comedia innegablemente necesarias. 

Hitchcock resulta ser mucho más de lo que promete. No sólo cuenta la realización de la memorable película de terror y sus detalles (aunque no vamos a negar que hubiese sido bueno tener un poquito más de esto), sino también nos muestra cómo ésta fue determinante en la evolución de la hermosa historia de amor que vivió el director con su esposa, Alma, por aquellos años. Increíblemente, bastan los casi 100 minutos de metraje para que, con el relato sobre una película y un espacio temporal acotado, se abran tantas posibilidades de zambullirse en la intimidad del mundo de uno de los cineastas más maravillosos que este arte pudo dar jamás: Alfred Hitchcock, el maestro del suspense. 


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